Res​​-​​cue. The archive in the mouth

by Ainara LeGardon

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about

"Res-cue. The archive in the mouth" (2020) es la nueva publicación de Ainara LeGardon en formato libro/disco. Se trata de la plasmación de un proceso de creación / retorcimiento / destrucción. Es des-cifrar, re-componer, re-interpretar lo no contado. Un pensar a la vez hacia delante y hacia atrás; un imaginar y un recordar simultáneos. Producido por Xabier Erkizia.
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"Res-cue. The archive in the mouth" (2020) is the new book/album release by Ainara LeGardon. A rendering of a creation / twisting / destruction process. A decyphering, re-composing, re-interpreting of things left unsaid. Thinking forwards and backwards at the same time, simultaneously imagining and remembering. Produced by Xabier Erkizia.
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“Res-cue. The archive in the mouth” (2020) deitzen da Ainara LeGardonek liburu-diska euskarrian argitaratu duen lan berria. Sortze / bihurritze / birrintze prozesu bat irudikatzen du. Kontatu gabekoa des-zifratu, bir-konposatu eta ber-interpretatzeko ariketa bat da. Aldi berean aurreraka eta atzeraka pentsatzeko saiakera. Aldi berean imajinatu eta gogoratzekoa. Xabier Erkiziak ekoitzi du.

credits

released March 17, 2020

(English below)

“¿Soy yo?”. El interrogante sorprendió a Ainara LeGardon en uno de los cuadernos que revisó durante el estudio que ha culminado en este proyecto. Esa pregunta corta pero en realidad compleja, anotada mientras volvía a escuchar una grabación doméstica en la que no lograba reconocerse, se convierte hoy en crucial para abreviar la búsqueda interior que ha tenido lugar para llegar a “Res-cue” y, a la vez, para sugerirnos la amplitud de la misma. Para cualquiera que haya sentido una mínima curiosidad por la labor de trastienda que un músico lleva a cabo durante el proceso creativo, este trabajo supondrá una revelación que le acercará a sus aspectos más artesanales mediante una mirada ávida por entender los más inexplicables. Ainara nos confía detalles de su metodología con profesionalidad (a destacar cómo de forma intuitiva y para ella necesaria siempre ha documentado apuntes, instrucciones, reflexiones, imágenes o grabaciones de audio como parte de su rutina de trabajo, no solo por alimentar su archivo histórico), pero el grueso de la exposición gira en torno a su inquietud por resolver si una idea no desarrollada en su día puede tener otras vidas más adelante y, de ser así, descifrar qué (se) lo hace posible.

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“¿Soy yo?”. Una observación que sobre el papel parece técnica y privada se convierte inadvertidamente en algo trascendental, que resuena en el sistema nervioso y resquebraja una superficie helada bajo nuestros pies. Cuando eso ya ha ocurrido, Ainara nos orienta en una excursión emocional -enmarcada en la lógica cuando se lo permiten los misterios intangibles del arte- mientras ella misma descubre sobre la marcha la profundidad de las aguas y lo que estas ocultan. Con el precedente que sentó su álbum homónimo de 2017, donde colaboró estrechamente con el artista e investigador sonoro Xabier Erkizia para abrir su música a vías más instintivas, “Res-cue” no podía conformarse con ser un acercamiento de carácter conservador a su archivo de bocetos. La minuciosa catalogación de más de 100 cintas, 20 cuadernos, decenas de Polaroids y archivos de vídeo haría las delicias de cualquier comisario de museo pero este proyecto nació para subvertir la revisión, la recopilación y la simple muestra de aquello que es antiguo para, en cambio, enfrentarse al material reunido, hurgar en él y estudiar cuál es ahora su respuesta a lo que desechó en su momento. ¿Qué puede brotar de la Ainara LeGardon de hoy si dialoga con la Ainara que dio por errada diez o quince años atrás? Esas conversaciones se han sucedido durante las escuchas que han ido modelando la exploración, e incluso han sido capturadas en dos valiosos poemas.

En “Res-cue” se disuelven prejuicios sobre el origen de las musas y sobre la pureza del arte, como la opinión ligeramente peyorativa de que si un artista recurre a un banco de ideas cultivado en el pasado, es porque carece de inspiración en la actualidad y le será más sencillo reanimar un boceto de un periodo más fértil; o que la inevitable disección de la materia en un trabajo de investigación y teoría como este acabará despojando de emoción a la obra artística. Ainara prueba erróneas ambas afirmaciones: la primera, arrojándose a crear algo nuevo estimulada por lo que no terminó de convencerla en su día, que no es lo mismo que reproducirlo tal y como lo concibió; y la segunda, argumentando a lo largo de la lectura cómo en la composición musical intervienen importantes decisiones (técnicas, estéticas) movidas por el juicio que, al fin y al cabo, pesan como los gestos impulsivos y la emoción indómita, porque pueden informarla o incentivarla. Un artista se enfrenta a menudo a la tensión entre dejarse llevar y elegir, pero rara vez se presta a un ejercicio así, que destapa (y nos traslada) miedos y valientes reflexiones sobre lo mudable de la identidad y la memoria. Nunca es impúdica, pero con cada trabajo es más humana.

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“¿Soy yo?”. Las divisiones temporales no funcionan con la música. Podemos pretender ubicarlas en el pasado, el presente o proyectarlas para un futuro, pero las canciones escapan el tiempo lineal más allá del cronómetro porque en ellas siempre podemos interpretar algo nuevo, sujeto a nuestra evolución como seres humanos. A muchos autores sus propias canciones les parecen proféticas, porque les da la impresión de que han puesto música a sus vivencias años antes de que ocurriesen, aunque, ¿podría ser que no hayan sabido interpretar sus intenciones hasta más adelante? ¿Y si, en lugar de eso, lo que es indescifrable hoy es lo que te parecía blanco y negro ayer, y no hay más remedio que reinventar? “Res-cue” viene subtitulado por un verso de Peter Gizzi, “El archivo en la boca”, que evoca una imagen tremendamente física de lo que significa encontrar vigencia y frescura en una idea que fue descartada. El contenido del ensayo se ilustra con dos mixtapes de aproximadamente 30 minutos cada una; la primera, un muestrario de grabaciones originales sacadas del archivo, realizadas con distintos dispositivos; la segunda, una serie de experimentos y creaciones nuevas que han partido de bocetos que se quedaron sin desarrollar (y que solo algunas veces se corresponden con la selección de la primera parte). Cuando aísla el armonio de una canción prácticamente acabada en su día, como si hoy lo reconociese como el órgano vital, y lo utiliza para explicar la amnesia sensorial que siente por el resto; cuando superpone tres grabaciones distintas de una misma pieza instrumental consiguiendo que las imaginemos proyectadas en la pared, viendo cómo se dividen y coinciden fortuitamente; o cuando reimagina una composición titulada 'Montblanc' como 'Montenegro' y hace que suene más blanca y vaporosa que la original, comprendemos las dimensiones de sus hallazgos.

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“¿Soy yo?”. Las posibilidades creativas que se le presentan a partir de ahora son amplísimas. Con “Res-cue” ha caminado por el gran paisaje del pasado advirtiendo parcelas fecundas para el futuro, y la riqueza implícita en esa conclusión transforma lo que entendemos como una idea desechada: apartada o irresuelta, sí, pero no obsoleta. Tiene todo el sentido imaginarlo como un proyecto de vida, pues el diálogo siempre podrá producirse bajo nuevos enfoques que hoy son una incógnita (como hasta ahora lo han sido los que recoge “Res-cue”). Ainara LeGardon decía en la pieza 'Como Lobos': “No sabes hablarte. Mira dentro”. ¿Puede uno descodificar su yo de hoy escuchándose desde otra época? “Res-cue” dice que no hay otra manera.


Estanis Solsona


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“Is that me?” The question surprised Ainara LeGardon in one of the notebooks she was revising for the study that culminated in this project. This short though complex question, noted down while listening to a home recording in which she didn’t quite recognise herself, is crucial today, and serves to summarise the internal search that took place on the way to arriving at “Res-cue” while, at the same time, suggesting the breadth of the question itself. For anyone who’s ever felt a modicum of curiosity about the work carried out by musicians during the “back stage” creative process, this work will be a revelation, bringing them closer to the craft behind the work, with a keen view to understanding the more inexplicable aspects of it. Ainara provides us with details on her methodology in a professional manner (her intuitive need to routinely document her working process through notes, instructions, reflections, images and sound recordings, not only as a way to build up her historic archive); however, the body of her exposition deals with her curiosity for ascertaining whether an idea left undeveloped at the time could have other lives later on and, if so, unravelling what makes this possible (for her).

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“Is that me?” An observation that seems technical and private on paper inadvertently becomes transcendental, echoing across our nervous system and shattering the icy surface beneath our feet. When that happens, Ainara guides us through an emotional journey (framed within the logic afforded by the intangible mystery of art), while in the process she herself discovers the depth of the waters and what they conceal. With the precedent set by her 2017 self-titled album, in which she collaborated closely with the sound artist and researcher Xabier Erkizia to open up her music to more instinctive paths, "Res-cue" could never have settled for becoming a conservative approach to her demo archive. The detailed cataloguing of more than 100 tapes, 20 notebooks, dozens of Polaroids and video files would have been any museum curator's dream. However, this project was born to subvert the revision, compilation and showcasing of old material and, instead, take on what she had collected, delve into it and study her response to once-discarded material. What might be the fruit of the Ainara LeGardon of today entering into dialogue with an Ainara who, ten or fifteen years ago, felt she had strayed from the path? These conversations have taken place in a series of listening sessions moulding this exploration, and have even been captured in two valuable poems.

"Res-cue" dispels any prejudices regarding the origins of the muses and the purity of art, such as the somewhat critical notion that if an artist draws on a pool of ideas cultivated in the past, that is because they currently lack inspiration and find it easier to breathe new life into sketches from a more fertile period; or that the inevitable dissection of material resulting from such research-based theoretical work will strip the artistic oeuvre of any emotion. Ainara proves both these statements to be false: the former, by diving head first into the creation of something new, stimulated by something that didn’t quite convince her at the time (that is, not reproducing it exactly as it was conceived); the latter, by arguing throughout her text how important judgement-based decisions (of a technical, aesthetic nature) are at play in musical composition, which, after all, carry as much weight as impulsive gestures and untamed emotion, because they can both inform and stimulate it. Artists often face the tension between letting themselves go and making a choice, but they rarely engage in an exercise of this nature, one that uncovers (and conveys to us) the fears and valiant reflections on the mutability of identity and memory. She never lacks modesty but becomes increasingly human with each work.

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“Is that me?" Time divisions don't work with music. We may attempt to place them in the past, in the present, or project them into a future, but songs escape linear time, transcending the ticking timepiece, because we can always find something new in them, depending on our own evolution as human beings. Many songwriters find their own songs prophetic because they feel they've set the soundtrack to their own experiences years before they take place. And yet could it be that they were simply unable to interpret their intentions until later on? What if, on the other hand, the indecipherable today was set out clearly in black and white yesterday, and the only option is to reinvent? "Res-cue" is subtitled by a stanza by Peter Gizzi, "The archive in the mouth", evoking a tremendously physical image of what it means to find freshness and validity in a once-discarded idea. The content of the essay is illustrated by two mixtapes, each approximately 30 minutes long. The first of these is a sample of original recordings extracted from the archive, each recorded on different devices. The second is a series of experiments and new creations based on drafts that were never fully developed (and which only sometimes correspond to the selection on the first tape). When she isolates the harmonium from a song that was once practically finished as if recognising it as the vital organ today, and uses it to explain the sensory amnesia she feels for the remainder; when she overlaps three different recordings of the same instrumental piece, making it possible for us to imagine them projected onto a screen, observing how they divide and come together by chance; or when she re-imagines a composition named Montblanc as Montenegro, making it sound whiter and airier than the original, then we understand the scale of her discoveries.

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"Is that me?" The creative possibilities that are now opening up to her are manifold. In "Res-cue", she has walked through an extensive landscape from the past, identifying fertile patches for the future, and the implicit wealth of this conclusion transforms those ideas we have come to view as discarded: cast aside or unresolved, yes, but never obsolete. It makes complete sense to imagine this as a lifelong project since such dialogue can always take place through the prism of perspectives not yet known today (as was the case with those found in "Res-cue"). In Como Lobos Ainara LeGardon sang: "You don't know how to speak to yourself. Look inside." Can one decode the “me” of today by listening to oneself from another time? "Res-cue" would have it that there's no other way.

Estanis Solsona

Translation: Ivor Rubio Tamplin, Dan Whitcombe.

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